⸻𝕀𝕥´𝕤 𝕞𝕪 𝕥𝕦𝕣𝕟 𝕟𝕠𝕨, 𝕆𝕙 𝔹𝕚𝕝𝕝𝕪 𝕓𝕠𝕪!⸻

 "Queridos oyentes. Ahora, para proseguir con vuestro entretenimiento en ésta preciosa noche, continuaremos con la siguiente y última historia, cuyo título es: 𝙈𝙞 𝙩𝙪𝙧𝙣𝙤. Éste relato no es muy diverso a los que solemos compartir con vosotros, estimados. Su lugar de origen es Louisiana, Estados Unidos. Comencemos:

La protagonista de éste relato es una joven de descendencia criolla, prometedora cantante, que proviene de una familia de recursos medio-bajos. Todos somos conscientes de que en esa época, la sola asociación con la comunidad negra era motivo de disgregación social. No obstante, gracias a sus padres y su sacrificio diario, nunca faltaba el pan en la mesa.

A medida que la niña crecía, fue prontamente notoria su habilidad para con el canto, poseyendo un registro singular de voz, que pronto derivó en que la infante asistiese a clases particulares, a fin de desarrollar tal habilidad. Más en esta historia, no todo es color rosa, puesto que, noche tras noche, ella, su madre y su gemelo sufrían la cólera del padre, que, agotado tras el doble turno, no arribaba al hogar con el mejor de los humores. Innumerables son las noches en donde lágrimas bañaron sus mejillas de las tres víctimas, como así aquellas donde debía curar heridas a su hermano, tratando de consolar el miedo que tanto aquel como ella misma sentían.

Los años pasaron, y con ella aumentaron la calidez de su voz, su belleza y su talento, que poco a poco fue tornándose conocido en, al menos, la comuna a la que pertenecía. Su renombre fue tal, que de adolescente ya comenzaba a presentarse en bares cercanos a su casa, robándose en éstos lugares todos los aplausos. Pero si bien los sueños de la fémina y sus posibilidades remontaban alto, bastó un solo evento nefasto en materias de economía, para que su mejor cualidad acabase resultando en su peor tormento.

Y así fue, una caída en la suerte económica empujó a su progenitor a firmar un trato en su nombre, donde fue prácticamente vendida al dueño de un reconocido casino, que ofreció una suma de dinero importante a la familia por la voz de la adolescente. Todo ello fue a escondidas, por supuesto, de ella misma y del resto de la familia. Luego de la actuación de esa noche, una performance excelsa, ningún miembro de la familia de la adolescente estuvo para ella. El dueño del lugar, en aparente caballerosidad para con la joven, la invitó a permanecer su casa puesto la hora que era, con la promesa de que a la mañana ella podría regresar a su hogar. Sin razones para desconfiar, la adolescente accedió a acompañarle, sin saber que ese sería el principio de su calvario personal.

Todo había sido un engaño. Ni bien arribaron al domicilio del nuevo jefe y dueño de la joven, éste la maniató y ultrajó, reclamando dominio de ella más que lo que concernía solamente a sus cuerdas vocales. Se volvió una rutina casi eterna, que se extendió por años, donde se vió forzada a abandonar su ciudad natal, en busca de una gran ciudad. Días de canto, show, luces y aplausos; noches de moretones, llanto, dolor y sangre. La adolescente se sentía sucia, vacía, usada, y cada que respondía en defensa personal, un pedazo de papel con la firma de su progenitor le era mostrado entre vociferaciones y golpes, que no lograban desaparecer, tanto física como psicológicamente.

No obstante, una perenne esperanza quedaba en la tribulada y fragmentada mente de la joven: su voz. Su voz era el mayor de sus estandartes, aquel minúsculo hilo de esperanza que estaba más que dispuesta a usar contra su perpetrador. No dejó de cantar, no dejó de exigirse continuar hasta elevarse a esferas y círculos mucho más grandes que los que aquel su dueño administraba, y quizá, y solo quizá, así pudiese establecer contacto con una mano amiga.

Así lo hizo, su fama fue creciendo a pasos agigantados, pero en desmedro de su salud mental; una que comenzó, despacio, a encontrar refugio en la oscuridad solitaria posterior a los encuentros nocturnos con su dueño. Allí pensaba y repensaba, buscando una forma de escapar de tal circunstancia, de encontrar la paz que le era esquiva. La desesperación, producto de encontrarse en lo alto y sin embargo no poder pedir ayuda, la traición que sentía para con su familia por simplemente dejarla a su suerte y la impotencia fueron alimentando en secreto una ira ciega, ajena a la calidez natural de sus modos, que con cada golpe recibido, con cada desmerecimiento y ninguneo, continuaba fraguando en silencio y lentamente la fórmula perfecta para un desastre.

Sucedió que una noche a horas tardías, luego de un evento muy importante, ella se encontraba de camino al camerino que le fue otorgado, vistiendo unos preciosos trajes de tonos rosas y violáceos. Ni bien cerró la puerta del mismo, y sin esperarlo siquiera, unas manos masculinas se apropiaron del cuello de la joven y su cadera, acercando la última a un bulto.

No se sabe con certeza que fue lo que aquel hombre susurró a los oídos de nuestra cantante, pero lo cierto es que no hubo fuerza muscular que lo detuviese de chocar de espaldas contra un escritorio, tirando al suelo y rompiendo un jarrón de vidrio. Un golpe, en respuesta, fue propinado al ojo de nuestra protagonista, embebiendo el mismo en sangre, pero ella, lejos de llorar, rió. Rió tan fuerte como su garganta agotada pudo soportarlo, simplemente enfocando ciega de un ojo a su perpetrador, con una sonrisa tan amplia que sus comisuras estaban prontas a desaparecer. Un nuevo golpe buscó acertar en el restante ojo, pero un reflejo rápido derivó en que simplemente acabase golpeando contra la puerta tras ella. Manos femeninas acabaron por cerrarse en torno al cuello del varón, ejerciendo presión inhumana, y sacando sangre debido a las uñas.

Por supuesto, éste accionar no fue suficiente para evitar que, aún en ausencia parcial de oxígeno, el varón pudiese propinar un nuevo golpe en la cintura femenina, tumbando a la joven en el suelo junto al inconfundible sonido de un hueso roto. Se dice que en el semblante de aquel hombre se dibujó el entero orgullo y hombría, momentos antes de que buscase nuevamente hacerse con la dominación física de la joven. Casi lo logra, de no ser por el vidrio que penetró repentino por su pescuezo, esgrimido con todo el ímpetu de nuestra protagonista, cuya sonrisa continuaba latente. No le bastó a su mente una sola vez sino centenares, ininterrumpidas en una vorágine sádica que solo se detuvo, cuando en su pálida piel y precioso traje quedaron bañados de un bordó profundo. Una nueva risotada fue proferida en el silencio del lugar, declarando liberación para un alma sufrida, al mismo tiempo que condenándola a un destino que pronto conocería.

Hasta aquí la historia de la noche, esperamos que haya sido de su total agrado. No olviden sintonizarnos mañana a la misma hora por el mismo dial. Y ahora, sigamos escuchando a Al & Leon."

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